jueves, 21 de junio de 2007

La batalla

Al mirar por la ventana se veía hermoso el jardín, todo lleno de las flores y las plantas más dispares. Todo el mundo lo admiraba; no había persona que pasara a su lado que no se parara a verlo. Habían sido años recogiendo las flores más vistosas y las plantas más extrañas de todos los lugares del mundo.

Sin embargo, lo sentía vacío.

Quizá lo había llenado en exceso, sin otro criterio que el del avaricioso que lo quiere todo sin saber para qué. Vanidoso de él, que había perdido su linda parcela siguiendo sus ansias de ser admirado.

Recordó entonces su rosa, aquella que solía estar junto al camino que llevaba a la casa y que aguantó lluvia y frío, calor y ventiscas.

No hacía ahora sino sustituir las flores marchitas por otras o arrancar de cuajo las plantas secas.

¿Dónde estaba su rosa? Perdida entre la multitud ya no brillaba como antaño.

Sintió que se ahogaba, que le faltaba el aire. Molestaba a sus ojos tanto color y a sus oídos las exclamaciones de admiración de quienes al lado de su jardín pasaban. Corrió afuera y comenzó a arrancar cuanto encontraba a su paso.

Cansado ya, paró y miró alrededor con angustia; no la veía. Un jardín destrozado es lo que percibió en un primer vistazo.

Ahí estaba, junto al camino. Ya calmado, la regó y limpió los restos de la batalla a su alrededor. Cogió aire y volvió a la casa.

Ahora sí.

Ramón de Mielina

4 comentarios:

Deborah dijo...

:') me he emocionado!!

alejandro magno dijo...

...como la vida misma. Nos esforzamos -maldita manía- en perder la esencia de lo auténtico, aquéllo sencillo pero bonito como una simple rosa que siempre estuvo ahí y que no quisimos o supimos valorar, y nos dedicamos a buscar otras muchas cosas que en realidad no nos llenan... Creo que la batalla verdadera se lucha en nuestro interior y tras ella volvemos a ser como el niño que en realidad nunca dejamos de ser, ingenuo, inocente quizás, pero auténtico.
¿por qué siendo las cosas tan sencillas las hacemos tan complicadas?
Saludos bloger@s... y tirones de orejas para Ramón :-)

J. dijo...

es verdad q complicamos las cosas mas sencillas. nos va la marcha.

Anónimo dijo...

precioso...