martes 2 de diciembre de 2008

Al otro lado del teléfono

Hoy tengo incontinencia en los dedos, qué se le va a hacer. Realmente tenía un mal día. Necesitaba hablar con vosotros dos y ahí habéis estado. Es curioso, debemos estar conectados los tres. Es curioso que nos pasen las cosas a la par. O, si no las cosas, los pensamientos. Es curioso. Podría haber sido una buena conversación a tres en un bareto con un Baileys en la mano y velas.

Tendríamos que vivir en la misma ciudad y sería genial. Algún día.

Hablábamos de qué coño estamos haciendo. Pero a la vez no seríamos felices haciendo otra cosa. En el fondo, los tres sabemos que siempre buscaremos el cambio. Siempre. De ciudad, de trabajo... No de amigos, eso no -hablo de amigos de verdad-. Ni la familia. Eso perdura. Todo lo demás. Lo secundario. Pero a la vez... esos pequeños detalles. Las aceitunas de Camporreal. El Martini latinero. El Baileys tardío. El champán. El Bricco Nero. Y fuera corbatas. Los pequeños detalles. Pegar la nariz en la tienda de al lado y ser feliz viendo las aceitunas. Ahí están. Para nosotros. Las hemos encontrado.

Hablábamos de cómo no somos capaces de no intenter volver a vivir las situaciones que nos habían hecho felices. De cómo intentamos repetir un increible viernes. Ya pasó, el viernes ya no está. Ahora es sábado y los astros no se han alineado de la misma manera. No volverá a haber un día así. Déjalo pasar y recuérdalo pero no lo intentes revivir. Y ahí que vamos como burros cabezones. Llamamos a las mismas personas e intentamos comer esas almejas a la marinera o tomarnos ese White Russian de nuevo, que todo sea lo mismo. Esa cena todos juntos. Y nada sale igual. Es estúpido porque ya lo sabíamos. Y aún así... Llega el sabor amargo. Tanto mejor habría sido dejar las cosas como estaban... Ya lo dije una vez parafraseando a Sabina... "al lugar donde has sido feliz...". Grande Sabina. Por lo mismo que cuando era pequeño ligaba y al día siguiente era incapaz de no llamar a preguntar "¿estamos saliendo?", como el crío que era. Aún sabiendo que la respuesta era no. Que ésa era la respuesta que yo daría si me la hubieran hecho a mí. Pero yo no daba tiempo a nadie. Por lo mismo que volví a apuntarme al año siguiente a clases de inglés y me encontré en que nadie era el mismo, ni siquiera las mismas personas. Por lo mismo. Para qué.

Hablábamos de los momentos. Muchos hay que conocen mi teoría de los momentos. Hoy he entendido la importancia de gestionar los tiempos. No es lo mismo hoy que mañana ni que ayer, hay un momento -y un lugar- para cada cosa. Como diría alguien, la fruta hay que recogerla madura, ni antes ni después. Y es verdad. Lo que servía para ayer, ya no funciona hoy pero puede que mañana sí que lo haga. Quién sabe. Hay que saber elegir. El momento y el lugar. Es importante.

Hablábamos de los miedos. Miedo al fracaso por cosas puntuales, miedo a dejar mal papel... y también de que deberíamos coger perspectiva porque, a la larga, nadie se acordaría de nuestro mal trago y nosotros los recordaremos partidos de la risa. A la larga nada importa o pocas cosas. Y las importantes nosotros ya las sabemos.

Hablábamos de muchas cosas. Entre ellas de lo feliz que nos hace tenernos al otro lado -esto sin palabras- y de las ganas de estar juntos y bebernos ese Baileys. Cada uno por nuestro lado, y en diferentes circunstancias, se va a tomar esta noche una copa a la salud de los otros. Yo tengo que preparar la maldita presentación. Me tomo un Baileys y voy que chuto. Vosotros brindad todo lo que podáis por mí y por mi mal día. Que yo lo hago por los dos últimos tuyos y por tu buena suerte -y la mía de saberlo y que me lo cuentes- y porque los dos, de diferente manera, estéis ahí.

¡A vuestra salud!

En un bar de Atocha de cuyo...

Nada mejor que salir a tomar algo para quitar el mal rollo.

Y en eso estamos.

*DJ Calippop

Mierda para ti

Alguien me dijo el otro día que si había algo que no le gustaba de los blogs en general, es que siempre daban un toque de humor a los posts. Yo no estoy de acuerdo con esto. Me gusta reirme de lo que en algún momento me cabreó. Claro que... hoy tengo mal día.

Hay varios tipos de personas que odio. Las que no saben mantener amigos y ellas mismas no son amigas de nadie -y yo que creía que lo eras y me preocupé porque nadie te llamaba-, las que sólo reciben favores y son incapaces de hacer ellas uno -aunque sea pequeño y no hubiera costado nada-, las que miran siempre por sí mismas y no se les cae la cara de vergüenza cuando fallan a alguien -y tú tan tranquilo-, las personas que van por el mundo creyendo que todos le debemos algo -NADIE TE DEBE NADA-, las que intentan hacer de menos a los que les rodean -qué inocente yo que pensaba que..., da lo mismo-.

Me has fastidiado el día, ¡joder!

Sabía que no te duran los amigos más de un año porque se cansan de que les digas "he llamado a todo el mundo y como nadie quiere quedar, pues te llamo a ti, ¿te invito al cine?". De ti sabía que le echas mucho morro a la vida -debería aprender de ti- y que nunca harías favores a nadie -aún cuando no hago favores para que me los deban, qué decepción-. Y de ti sabía que te crees una víctima del mundo y que por eso crees que el resto estamos para complacerte. Y de ti, sobre todo de ti, sabía que nunca ibas a decirme la verdad. Que aunque te lo haya preguntado directamente, nunca ibas a decirme qué podía pasar.

Hoy tengo el día torcido. Qué se le va a hacer. Un día de esos en los que juro no volver a hacer un favor nadie, no volver a intentar que todo el mundo esté a gusto, no volver a volverme loco para salvar el culo de nadie, no comerme marrones que no sean míos, no volver a preocuparme de si alguien no tiene amigos o está descolgado, no volver a... Pero sé que no es así. En realidad es uno de esos días en que me odio por gilipollas. Y en que veo tu cara -y la tuya, y la tuya también, y...- riéndote de mí. Dónde vas a encontrar un gilipollas tan grande, ¿no? Mira qué suerte tienes. Que te jodan.

Eso es, hoy es el día de decirte QUE TE JODAN.

lunes 1 de diciembre de 2008

Por partida doble

Plató VI

domingo 30 de noviembre de 2008

Anexo: El mejor bar de Madrid

Ya que criticamos y vetamos bares, ahí va una sugerencia. El mejor bar de Madrid es el Kundum, en la calle Canillas 48 (metro Prosperidad o Avenida América). Con la pedazo moto en la puerta, con las frambuesas en hielo con azúcar, con la vespa dentro, con buena música... Muchos sillones, copas en vaso ancho o copa... No habremos pasado buenos ratos -echando pan a los patos- ahí.

Ahí queda.

Y que conste que no me dan un porcentaje ni tengo acciones. ;-)

jueves 27 de noviembre de 2008

El Viajero, ese bar para gente sin amigos

Los que vivís en Madrid, o habéis salido por La Latina, lo conocéis seguro. Es ese bar que tiene esa terraza tan mona que en verano está hasta el culo y en invierno también. En verano se torran y en invierno se congelan.

Pero El Viajero mola. Y a mí me molaba. Hasta que he ido un par de veces, por aquello de las segundas oportunidades.

Será que mueren de éxito que hacen la selección de sus camareros en función de los bordes o lo incompetentes que sean. Será. Mi primera visita a El Viajero, tras muchos meses pasando delante y diciendo "algún día entro, cuando esté menos lleno". Llegó el día y felices los dos, encontramos una minimesa en la terraza. Aunque fuera noviembre ahí que estábamos más felices que perdices con nuestros martinis. Y ya que estábamos pedimos de comer; dos tostas y una pizza. Nada complicado.

En la barra -que sólo servía a la terraza- 5 camareros. Alguno o iba emporrao o se le olvidó ducharse para despejarse. Pedimos. El camarero, majo pero en la parra, vino a la mesa 4 veces a preguntarnos qué habíamos pedido que no lo había apuntado, a decirnos que no había atún, a decirnos que champiñones no, a decirnos que sólo tostas, a contarnos su -puta- vida. Aún nos duraba la felicidad de haber encontrado mesa en la terraza y con el moco colgando seguimos haciendo gala de nuestra paciencia. 15 minutos, media hora... ¡¡1 hora!! Ya nos hartamos y se nos fue de golpe el buen rollo de la mañana soleada pero fría de noviembre.

Vamos a la barra de la que, por cierto, habíamos visto salir miles de pizzas y tostas camino a otras mesas que habían pedido más tarde. Reclamamos. Nos piden paciencia. ¿Más? Nos pareció mal irnos y no nos fuimos. Nos comimos las tostas -de mierda- y la pizza -peor todavía- y pagamos religiosamente. Ni propina ni nada.

Mi segunda visita un sábado a la tarde. Éramos 8. Entramos. No había sitio y los dos pisos de arriba estaban cerrados. Nos pusimos en la barra y pedimos. Vemos una mesa y nos sentamos. Viene la camarera con cara de perro. Ni hablar, sois muchos para una mesa de 2. Perfecto, pero ya hemos pedido, hay sillas... Da lo mismo, tenéis que buscar una mesa más grande, así que levantaros. Ya, pero entonces deberíais decir a los que están en mesas de 4 y son sólo 2 que se levanten. Ni por esas. Os quitais porque molestais ahí en medio. ¿Y en la barra no? Tenéis las bebidas puestas, las tomáis o las dejáis, me da lo mismo.

Bueno, pues ahí se quedaron en la barra y la camarera echando espuma por la boca. De buenas maneras seguro que aún estaríamos ahí de txikiteo pero a malas...

Así que llegamos a la conclusión de que El Viajero es un bar para gente sin o con pocos amigos. Que es un bar donde a los camareros les pagan poco o les explotan o, simplemente, en el que contratan a los más bordes del lugar. Que es un bar de moda que no mola nada.

Conclusión: nunca volveré a El Viajero. Porque no mola y porque problablemente se quedaron con mi cara después de haberles dejado con 8 copas compuestas y sin novio. Que se jodan.

miércoles 26 de noviembre de 2008

Te regalo la luna

Aquí cada uno hace lo que le da la gana. Y yo quiero saber a nombre de quién ha extendido el cheque el Abramóvich ese. Me gustaría saber de quién es la luna. Y también por qué está en venta, yo no vi el cartel. Y quién ha dicho que se pueda vender. Y de quién es Júpiter. Y Marte. Porque el siguiente en venderse será Marte, supongo. Por orden de pisada.

Están locos estos rusos. Y los americanos, que seguro que tiene algo que ver. Quizá los chinos, que mire bien el código de barras el ruso, que lo mismo los chinos le han encajado una Luna Lunera Made in China. Que se ande con ojo.

Y su novia encantada de la vida. Y el resto ojipláticos. Ya sabéis, nada de diamantes, deportivos... el regalo de moda: un trocito de luna.

martes 25 de noviembre de 2008

Un película dura

Basada en la novela de Roberto Saviano, "Gomorra" se centra en cinco historias a través de las sucias y peligrosas calles cerca de Nápoles. El filme supone el sexto largometraje del aclamado Matteo Garrone, que en esta ocasión supera la violencia gratuita de Tarantino y la sensibilidad militar de Scorsese con un drama documental sobre la realizada que vive cada día el crimen organizado napolitano. Los personajes de las cinco historias trabajan para la Camorra (la mafia napolitana) a quien se responsabiliza de más de 4.000 asesinatos a lo largo de 30 años en Italia. Además de ser extremadamente peligrosos y violentos, son astutos e inteligentes. El director nos lleva con su cámara a través de las calles de Italia sin juzgar ni idolizar a los personajes, con un juego de imágenes soberbio que cautiva al espectador. La mayoría de los personajes son interpretados por actores no profesionales. Su paso por el Festival de Cannes le ha valido la aclamación internacional, permitiendo que el filme llegue a otros territorios fuera de Italia. "Gomorra" es una pieza auténtica, poderosa y una de las cintas más realistas sobre el crimen organizado en la historia del cine. *Sinopsis de hoyCinema.

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A pesar de que, por lo general, no me gustan las películas basadas en libros y muchísimo menos los libros basados en películas... Gomorra es una buena excepción. Un película muy dura que no es en absoluto para pasar un buen rato. Parece de otra época lo que cuenta y, mira tú, está pasando ahora.

Trailer Gomorra