viernes, 20 de febrero de 2009

En des-sintonía con el mundo

Uno piensa que a las 3 de la mañana todo se puede hacer en una gran ciudad. Todo menos esconderse. "Chico, a esta hora la estación está cerrada y no hay autobuses", me dijo el taxista. "Me encuentro con alguien", contéste quedamente y mirando al frente. No iba a llorar. Busqué un lugar donde esconderme hasta las 6 de la mañana, intenté buscar un bar oscuro, un bar de barrio donde tomar una cerveza y poner mis ideas en orden, quitarme el malestar. No encontré ninguno, así que busqué una calle lo suficientemente poco transitada para no cruzarme con nadie a quien pudiera darle más pena de la que ya me daba yo a mí mismo, una noche de enero con un frío invernal y todo lo que tenía en ese momento metido en mi maleta. Imposible pasar desapercibido con el traqueteo de las ruedas por la acera. Me senté en unas escaleras detrás de una furgoneta y pensé pasar ahí la noche. "Es una ciudad grande, aquí nadie se sorprende por nada", pensé. A los cinco minutos vino su dueño y se llevó la furgoneta dejándome como desnudo ante el mundo. Como si alguien quisiera burlarse de mi absurda tristeza, empezó a pasar un grupo numeroso de jóvenes borrachos, alegres en la fase de la exaltación de la amistad. Y yo ahí, tristemente sentado, con los ojos llorosos y tiritando de frío. Les oí decir, sin hacer porque yo no oyera, la pena que daba. Tenían razón. Qué hacía yo en mi propia ciudad, con una maleta a cuestas en plena noche y sin saber a dónde ir. Nadie me había echado de ninguna parte. Más bien es como si yo quisiera huir, pero huir de qué. Después de una bronca monumental conmigo mismo, admití que mis cimientos, la base de mi vida, se estaba tambaleando. Admití lo que no quería, que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano... para muestra un botón, ahí estaba yo sin saber a quién llamar... y también que llega un momento en que uno tiene que seguir su propio camino y, cuando lo hace, tiene que luchar contra aquellas personas que antes sustentaban su vida... "Esto es duro", pensé, "qué injusto es que cuando uno va encontrándose a sí mismo, tenga que pelear por ello con quien más quiere". No sé exactamente qué pasó para estar ahí justificándome ante todos por mis decisiones, explicando cada paso que daba. Me analicé en profundidad por ver si realmente es verdad lo que me dijeron "estás enfadado con el mundo, a saber por qué" y vi que no era así. Me sentí tan incomprendido que me entraron ganas de llorar ahí mismo, ahí en mi peldaño. ¿Es que no habían vivido conmigo mis últimos meses? Al final lloré suavemente, dejé caer las lágrimas como quisieron durante un rato. Me sentí acabado, me di pena a mí mismo, qué hay peor que esto. Quería llamar por teléfono y pedir perdón pero... no sabía por qué habría de pedir perdón, quizás por las maneras al marcharme, o por el tono de mi voz. Pero no sabría encontrar palabras para contarle por qué sé que no estoy enfadado con el mundo. Pediría perdón pero no por lo que ellos esperan y volveríamos al principio, volvería la rueda a girar desde el comienzo. Unos días buenos hasta que volviéramos a discutir por lo mismo: mi vida. "Es absurdo todo esto", me dije. Empiecé a sentir más frío y seguía tiritando, así que decidí salir de mi escondite y paseé durante un rato largo por mi calle circunstancial. De arriba abajo y de abajo arriba hasta que acumulé el calor suficiente para volver a mi peldaño y dejar atrás el traqueteo de la maleta. Sentí que en cualquier momento alguien saldría de alguna ventana y me tiraría agua con un cubo. Si eso hubiera pasado, habría sido el broche final, creo que me me habría reido histéricamente y habría liberado todo lo que llevaba rumiando toda la noche. Casi intenté hacer más ruido con la maleta pero Dios no me ayudó en esto. Seguía siendo un triste hombre pegado a una maleta. Ya eran las 4 de la madrugada. Ya no sentía ganas de llorar sino rabia de no poder transformar lo que sentía en palabras y no poder escribir en una hoja mi sentido de la justicia, mi visión de la amistad, mis bases de un amor incondicional. En el fondo era tan fácil como eso. Los pájaros aprenden a volar. Después todo, quizás sí tendría que darte la razón porque desenterré el hacha de guerra. Contra el mundo, mi mundo. Estuve dándole vueltas durante toda la noche y no logré entender por qué no somos felices, todos juntos.

14 comentarios:

anapedraza dijo...

Los amigos están para estas ocasiones, sólo con escuchar es ya un gran alivio.

Yo estoy que cuentas lo he vivido varias veces. Se pasa muy mal, por suerte después del frío vino el calor.

Un abrazo.

MIGUEL

tupersonalshopperviajero dijo...

Yo estoy ahora mismo en un momento previo a lo que cuentas, a punto de hacer mi maleta -y ya van dos!- A veces es mejor una retirada a tiempo... por lo menos no podré lamentar que no lo intenté -o es eso lo que dicen los cobardes?-
Bss
;-)

Clares dijo...

Cuesta mucho, pero que mucho, crear uno su propio mundo, su propia vida, con todas sus expectativas y sus fracasos. Cuesta mucho regular los flujos afectivos y ponerlos en su lugar oportuno. Son crisis de crecimiento, pero al final se sale con mucha fortaleza interior y con parte del camino hecho. La amitad ayuda. Ya sabes, un amigo es un tesoro, una frase hecha sobre la que hemos pensado y profundizado lo suficiente. Conmovedor relato, amigo.

B.B. dijo...

Ramon, XD.....

jordicine dijo...

Me quedo con lo de los amigos, que se cuentan con los dedos de una mano... y a veces sobran. Espero que estés mejor. Un abrazo.

Anónimo dijo...

"Ya no sentía ganas de llorar sino rabia de no poder transformar lo que sentía en palabras y no poder escribir en una hoja mi sentido de la justicia, mi visión de la amistad, mis bases de un amor incondicional"

Yo hace tiempo que ya no explico ni pongo en ningún lado mi visión de cosas como esas...mis amigos, los que me quieren y los que me querrán lo saben sin necesidad de que de explicaciones.

Hay cosas que si hay que explicarlas, malo.

La del Planeta dijo...

Maldita ciudad, sin un puto bar en el que poder refugiarte!!!

ernesto51 dijo...

Sentirse solitario, echar en falta gente, no saber que hacer, como dice Clares es parte del aprendizaje, es tomar conciencia de lo que echamos en falta y la lección que seguramente debemos tomar en esos momentos para poder seguir.

Texto excelente, sensitivo y que como verás nos ha hecho reflexionar.

Eva dijo...

JO-DER. Mierda. Ahora no podré dormir. No me hagas esto.

Un abrazote y la próxima vez me llamas y nos vamos de cañas los dos. Seguro que algo encontramos abierto.

VolVoreta dijo...

Descubrir que de todos los amigos que se tienen, sólo "aparece" 1...es muy doloroso pero luego te entra la alegría de que "ese 1" lo tienes para siempre. No hacen falta más.

Olivia dijo...

Quien sabe hay que tocar puertas y ver quienes las abren, quien sabe te des una mala sorpresa, tal vez te des una muy buena. Y que te digo, con quien mas duros somos, es con nosotros mismos. En todo caso, en cuanto a la amistad y los amigos da igual si son muchos, al final solo son pocos los que realmente estan al pie del cañon.

Un beso.

ALMAGRISS dijo...

Joder Ramón, no sé si es autobiográfico o no... si es así me dejas mal, y no por tu crisis existencial de la que sin dudarlo saldrás, si no por la forma en que se desarrolló esa noche... tú y tu maleta a las 4 de la mañana una fría noche de enero en madrid... me pongo triste... Do you feel better now?

MONICA dijo...

Un abrazo, quedas invitado al carnaval. Yo me disfrazé de vikinga y tú?. Un abrazo, espero que te sientas mejor.

kuoremio07@gmail.com.ar dijo...

Los amigos, amigos son los reflejos de nosotros! y la desilusión por un amigo, es la mas cruel, por las cosas vivida, y sueños compartidos.

besos, hermoso blog!