lunes, 29 de septiembre de 2008

La gran aventura de viajar (en autobus)

Os presento a mi último compañero de viaje; el elefante pelotillero. No sé su nombre de pila pero éste le va bien. Fueron 8 horas de viaje y 8 horas oyendo (al final escuchando, porque emitía diferentes sonidos, como salir por la noche a oir grillos) sus ruidos. Pelotillero por su afición a hacer, sin disimulo ninguno, pelotillas con sus mocos.

Ahí estaba yo muerto de cansancio sin poder dormir. Al final adquirí la habilidad de dormir con un ojo abierto y otro cerrado, vigilante de sus manos y boca; quién sabe qué nuevo elemento sacaría el sujeto de ahí.

El caso es que el tipo parecía normal cuando le saludé al llegar e instalarme en mi -minúsculo- asiento (en la última fila, ventanilla de la derecha, como siempre, uno tiene sus manías). El viaje empezó bien, otros defectos tendría el chaval pero no el don de la palabra, cosa que le agradezco porque tenía pinta de escupir al hablar y, bueno, hacía el "dos para mí, uno para ti" con los mocos...

Al principio pensé que el muchacho era reconvertible y le ofrecí un kleenex, indirecta que él no cogió -lentito- porque me dió las gracias y se lo guardó en el bolsillo. Me dió una tregua de 5 minutos (cronometrados) y volvió con su sinfonía y su gran repertorio; que si me meto el dedo en la nariz, que si resoplo, que si me muevo, que si... Y así estábamos cuando el buen hombre cayó sopa. ¡Y tanto que cayó! De repente su cabeza estaba en mis rodillas y como un resorte le pegué un empujón -que llevaba consigo toda la rabia y el cansancio- con el que se acabó su sueño.

Acabamos por vigilarnos mutuamente. Yo a él, a sus mocos y demás. Él acabó con un ojo pa´tudela de tanto mirarme por el rabillo del ojo, intentando que no me diera cuenta de cuándo hacía un excursión. Aterrorizado le tenía pero ahí seguía el elefante pelotillero resoplando cual ballena y haciendo competición consigo mismo a ver cuál de sus municiones llegaba más lejos.

Hacía yo todo tipo de aspavientos ya sin disimulo y ensayé mi peor cara de loco -ojos desorbitados incluidos-, hasta que conseguí que dejara de resoplar y, ¡Dios existe!, de sacarse mocos y darles forma.

No utilizó mi pañuelo pero cuando quedaba hora y media de viaje, se quedaron varios asientos libres y se cambió. Ahí, por fin, respiramos los dos. Y yo pude echar una cabezadita (era la 1 de la madrugada).

Es evidente que nadie le dijo de pequeño que su nariz se convertiría en la de un elefante ni le cantaron la del "soy minero".

12 comentarios:

Hlodowig dijo...

Jajajajaja!!! Gracias Ramón, por este relato tan divertido... Me recuerda a mis antiguos viajes en autobús, en los que uno se encontraba todo tipo de acompañantes autocariles... desde un tío que decía que odiaba los autobuses (a todo esto, con el conductor oyendolo todo, porque los dos ibamos sentados en primera fila, yo también tengo mis manías, jou jou), pero que no le quedaba más remedio que cogerlos porque le habían retirado el carné. Se pasó medio viaje criticando a un chico que viajaba al otro lado del pasillo, y que no paraba de hablar por el móvil (se ve que después de dos horas se le acabó la batería) y el otro medio cantando Fito y los Fitipaldis, a todo trapo y encima sin afinar y sin saberse la letra...
O como aquella señora tan "simpática" que, después de oir que no se podía comer ni beber en el autobus (aunque todo el mundo lo haga), ni corta ni perezosa saca el pringoso sandwich de cabeza de jabalí y su refresco de limón y hala!, a zampar!... y apestar a medio pasaje, claro. Hasta que le dió sin querer el refresco de marras, que se cayó en la mesita (en primera fila, por supuesto), y se derramó por los pantalones de un servidor... Vaya momento de apuro el de la señora intentando limpiar y secar, con las manos pringosas, el estropicio, mientras el chofer iba mirando y jurando por lo bajini... "que si lo había dicho, que si la gente no se entera, que si encima huele a bicho muerto..."
En fin... Qué tiempos aquellos!!

Murphy White dijo...

Uf,¿había que ser tan gráfico??? Puajjjjj

ALMAGRISS dijo...

Gracias al señor (no sé qué señor) decidí dejar de viajar en bus hace tiempo... ahora con mi cochecito ó en tren (ó en avión si hay que cruzar el charco) aunque mi último viaje en tren fue también de infarto... una familia al completo frente a mí, te puedes imaginar... cuatro seres humanos en dos asientos (papá, mamá y dos niños) como puedes suponer, los dos niños pisaban más mis pies que el propio suelo... joder que siempre nos imponen a esos compañeros de viaje tan "agradables". Deberíamos hacer como Pierce Brosnan, que cada vez que viaja, reserva todos los asientos cercanos al suyo ¿por qué será?

Ramón de Mielina dijo...

Si tuviera dinero suficiente, créeme, lo haría. :-)

Charlie dijo...

Jajajaja ves por qué prefiero el tren? Podrías haberte levantado, buscar otro asiento en mil vagones, irte a la cafetería...

Va a sonar clasista pero ese tipo de "cerdo-que-te-da-el-viajito" son típicos de bus, de Alsa, Autores, etc. Yo recuerdo alguno en Autores en el que pasé algo parecido a miedo, y mira que soy pachorra... Pero el Fitipaldi que conducía se puso a zigzaguear en la entrada a Madrid como si fuera con un micromachine. Y aquello se balanceaba como un barco jejeje.

¿Por qué no le dijiste directamente "oye deja de roncar y de sacarte mocos, que no estás en tu casa"? ¿Era agresivo? :)

Pablo Rodriguez (Agencia TIPOS) dijo...

un blog muy interesante, Enhorabuena.

Ramón de Mielina dijo...

Debería haberlo hecho... me arrepentí!!

Muchas gracias Pablo!!

Tesa dijo...

Arrrggggghhhh
jajajaja

Hace un par de findes, en un viaje Madrid-Valencia (en tren), se sentó tras de mí una chica que no paraba de sorber los mocos.
Llegó un momento en que me estaba dando mucho asco pero estaba intrigada por saber si es que había estado llorando o tenía un megacatarrazo y no llevaba pañuelos. Por suerte... o por desgracia para mi curiosidad, se levantó y marchó para el vagón cafetería.

Anónimo dijo...

Jodo, como me suena el asiento que te tanto te gusta en el autobus Ramon... es mas...me suena a plagio..jajajaja...

Fdo. Anonimo

Iagui dijo...

Pero dónde quedan las míticas conversaciones de autobús en todo esto? antes para mí era viajar una escusa para compartir confidencias con desconocidos, para hurgar no en las fosas nasales sino en las almas del companhero de viaje...

espero que alguien estuviera esperándote en el destino final; SEGURO que habrá disfrutado de tu charla post-moco más que nadie...

AY Ramón, al final tendrás razon en eso de que hay que ser millonario para poder viajar como a uno le plazca sin tener que recurrir al bus de última hora...

MIAU!

Ramón de Mielina dijo...

Ya sabes que ese asiento lo heredé de ti, cuando dejaste de venir a Madrid quedó huérfano el pobre y tuve que adoptarlo... Tenía la marca de tu culo, fue difícil hacerlo mío ;-)

L o L i T a dijo...

ja,ja...pero y lo inspirado que has vuelto de ese viaje??? Eso no cuenta??? ja,ja... Yo tengo historietas de esas a millones y no sabría clasificarlas por grado de desagradabilidad" ja,ja...si existe este palabro! dejé de viajar en autobús, pero el tren/avión/o estaciones de servicio tb tienen sus protagonistas!!!

;) Que bueno!