lunes, 19 de mayo de 2008

¿Y si...?

Hace un tiempo estuvimos arreglando el mundo alrededor de una mesa, una noche de invierno. Y decidimos -no por consenso- legalizar las drogas. ¿Y si las legalizáramos? ¿Realmente acabaríamos con el tráfico de drogas?

Hubo quien opinó que entonces pondríamos la tentación demasiado cerca.

Desde luego que el hecho de que las drogas no sean legales no impide tomarlas a quien quiera hacerlo. En todo caso podríamos decir que ahora se tiene un primer contacto fácil y luego sale cara la broma -económicamente hablando-. Es fácil tomar drogas y pienso que, si comprarlas fuera tan sencillo como ir al supermercado, serían los mismos las que las consumirían. Pero se habrían atajado muchísimos otros problemas colaterales que todo comercio ilegal conlleva.

4 comentarios:

Agusss dijo...

Yo soy del equipo de legalizar pero....el tabaco se legalizó y mira con que buenos ojos se ha visto hasta hace nada, y lo díficil y costoso que está siendo destruir el negocio a estas alturas por los intereses creados (impuestos, opinión social....) Ahorrarías los consumidores de algo prohibido pero aumentarían los consumos encubiertos y adornados.
Dá que pensar...

J. dijo...

pero abria menos traficantes

Charlie dijo...

No hace falta imaginar muchísimo. Basta con mirar a Holanda, donde una buena parte (desde luego la más consumida prácticamente en España) de las drogas son legales.

¿Es un país tercermundista? ¿La gente va zombi por las calles? Yo creo que no.

Deberían ser tan legales, y tan fáciles o difíciles de comprar como una Viagra, un Nolotil o un Red Bull.

Ramón de Mielina dijo...

No sé si tiene mucho que ver o no, supongo que sí. Tiene que ver con la "responsabilidad" de la gente. Me enteré el otro día de que, a pesar de toda la información que tenemos, el índice de SIDA está creciendo en los últimos años.

Supongo qua da lo mismo que las drogas se legalicen o no, que se informe de si son buenas o perjudiciales, que se repartan condones y se impartan clases de educación sexual en los colegios... porque cada uno hace lo que le apetece y, muchas veces, cada uno se busca la desgracia él solito.