martes, 30 de noviembre de 2010

Pelicidio II

Yo quiero ser peluquero... para hacer lo que se me ponga en la punta de la polla. Uno entra confiado en la peluquería, confiado porque es la tercera vez que se va a cortar al mismo sitio, con el mismo peluquero, y siempre le han hecho lo que dijo que quería. Uno entra casi como si fuera su propia casa. Y se la juegan.

Para empezar, el de siempre no estaba y me atendió un pelitieso y rojiteñido muchacho de botas militares a media pierna, pitillos negros, camisa de cuadros y gafas de pasta.

Al parecer, me explicaba luego el asesino de la tijera, según entré por la puerta supo que iba a cortarme el pelo como le diera la gana porque sabía que me iba a quedar bien -a él le quedaría bien meter la cabeza en un retrete y tirar una y otra vez-. Al parecer, se pasó por el forro de los cojones mi tan "inexacta" frase que venía a decir (sic.) "córtame como lo tengo ahora que me gusta cómo me queda, no me hagas nada más".

El muy baboso se escudó en su velocidad -apenas alcanzaba a ver por dónde cortaba o en qué dirección iba la maquinilla- para hacer y deshacer como le vino en gana. Eso sí, el hijoputa se quedó más ancho que largo diciéndome "ay, es un pecado que no enseñes ese cuello", como si eso me solucionara la vida haciendo crecer mi pelo al momento.

El resultado es que ahora parezco un moderno de mierda y homosexual.Y ni lo uno, ni lo otro, aunque visto lo visto, me lo estoy pensando.

4 comentarios:

Miranda dijo...

yo estoy deacuerdo con el botas, ese cuello hay que enseñarlo :)

Vanessa dijo...

Jajaja!! Los peluqueros siempre hacen lo q les da la gana. Yo también acabo siempre cabreada cuando salgo d la peluqueria!

anapedraza dijo...

Ramón,

Te entiendo perfectamente, ¡vaya si te entiendo!

¡Un abrazo!

Miguel

Funcionario's blog dijo...

Moderno y homosexual, vaya redundancia. A mí siempre me dicen que mi gran problema es que soy heterosexual.