martes, 4 de diciembre de 2007

Una buena reunión

Ten cuidado y no te rías porque seguro que tú también lo has sufrido. Si aún no has tenido esa suerte, tranquilo... TODO LLEGA.

Entras en la sala de reuniones confiado, sabiéndote preparado para defender tu postura, conociendo todos los detalles que necesitas para ello. Tras numerosos mails y llamadas de teléfono a 3 ó 4 bandas, sabes que en la reunión se hablará de X (de hecho, tú has sido quien ha escrito los puntos de la reunión). Te presentarán el proyecto, darás tu punto de vista, lo argumentarás y ahí comenzará la discusión.

Son las 10 am. Uno que se retrasa, llega tarde y seguramente pondrá la excusa del tráfico (desde mi edificio se ve el tráfico y no hay). Trabajamos con ilusiones y ¡qué casualidad! de los 3 que estamos en la reunión, 2 tienen hijos. Conozco a esta gente, se les ilumina la cara y son capaces de estar horas y horas hablando de ellos si no se les corta. Hago mi primer intento ofreciendo un café. No funciona. Uno de ellos tiene dos hijos y el otro sólo una pero... ¡es tan mona! (debería enseñarnos una foto, menos mal que se la ha olvidado en casa, ¡bendito Alzheimer!). El de los dos hijos habría preferido una niña y un niño pero, dice, "ya se sabe, esas cosas no se eligen". La conversación siguiente versa sobre las diferencias niño-niña (todos lo sabemos los niños tienen pito, las niñas no. A mí me lo enseñaron en la escuela).

Entra el rezagado y no falla... "Perdonad, llego tarde" (¡evidente!) "es que el tráfico en Madrid es horrible" (mentira, por lo menos a esta hora) "y además me ha costado aparcar muchísimo" (segunda mentira, desde que hay zona azul...). Él es mi última esperanza. Son las 11 menos cuarto y seguimos hablando de cuánto les gustan a sus niños respectivos nuestros personajes. Por supuesto, los otros dos sonreimos a todo y enfatizamos nuestro "entusiasmo" con algún que otro "qué mono", "ideal" y cosas por el estilo. Como si ésta fuera la primera vez que durante una reunión nos intentan vender que casi casi ellos son primos hermanos de nuestro personaje estrella.

Mi último mohicano habla y mejor podía haberse quedado callado. Nunca mis esperanzas se vieron tan rápidamente frustradas. No podía ser de otra manera... ¡él tiene la parejita! Dios por qué me castigas así, qué he hecho... Esto supone media hora más de sonreir como tontos y reir las gracietas de los niños (ausentes, menos mal).

Gasto mi último cartucho: "no tengo hijos, la verdad es que todo eso me pilla mi lejos aún...". Me río con mi sonrisa más falsa e intento encauzar la reunión que ya dura hora y media sin haber conseguido ni tan siquiera entregar la presentación.

De repente, uno de los tres padres orgullosos y más papistas que el Papa (recordad que se creen primos hermanos de nuestro personaje estrella y conocen todos sus secretos e incluso sus canciones) mira el reloj y sorprendido dice, "vaya, se me ha echado el tiempo encima, no sé si os comenté" (este verbo que tanto odio) "que tengo otra reunión en media hora y tal y como está el tráfico..." (claaaaaroooo... de Madrid al infierno hay un paso, bla, bla, bla). Nos despedimos (amablemente). Sonrío y les digo que, por supuesto, nos vemos en cuanto podamos coordinar agendas y buscar un hueco que nos venga bien a todos aunque no sé por qué me quedo con ganas de meterles la cabeza en el WC y tirar de la cadena varias veces, subir a mi sitio, apagar el ordenador e irme al Retiro.

No os equivoquéis. me gustan los niños. Lo que no me gustan son esos padres ñoños, probablemente porque en todas las reuniones, sin excepción, alguien tiene un niño pequeño que su primer juguete fue nuestro, otro nos canta la canción de nuestra serie de moda y quien más quien menos justo (JUSTO) acaba de ver una de nuestras películas...

Pagaría para que esto ocurriera sólo una vez al mes... No pido tanto.

5 comentarios:

J. dijo...

ja ja ja

ik luk dijo...

Ramón educadamente les tenias que haber insinuado que estabais ahí para hablar de tu libro, quiero decir del tema importante en cuestion que puede ser uno de esos cuentos que dichos padres les leen a sus maravillosos hijos jajajajaaja

Ramón de Mielina dijo...

Si no puedes con el enemigo únete a él... Me haré un experto en niños y procuraré tomar nota para cuando yo los tenga no parecerme a ellos... jaja

Joewuy dijo...

Yo no odio los niños. Ni a los padres ñoños. Pero te puedo asegurar que la impualidad, la falta de profesionalidad y la falta de respeto ante un compañero que ha empleado tiempo en preparar una reunión, me rebienta. Yo tengo un jefe, muy jefe, que esas cosas las corta rapido con un: "no me cuentes historias ni me metas en batallas que me interesan y vamos con el orden del dia". Ya que casualmente el tambien tiene siempre una reunion en media hora pero llega a su hora y se cubren los puntos del dia...

Ramón de Mielina dijo...

Es lo que tiene vivir en un mundo de fantasía e ilusión... :-)