Volver al gimnasio después de tanto tiempo me ha hecho recapacitar sobre la necesidad de renovar mi atuendo deportivo. Quién iba a decir que la ropa de hacer deporte se pasa de moda tan rápido como los ordenadores. Miro a mi alrededor y siento que las zapatillas plateadas con destellos amarillos de mis compañeros de fatigas andan solas, sus pantallones ultra cortos -que dejan entrever cosas que preferiría no tener que mencionar- estoy seguro de que mueven sus piernas y sus camisetas desmangadas chorrean sin que ellos hagan el menor esfuerzo. Todos están compinchados para hacerme sentir mal. Cómo es posible que un tío que no tiene el menor rastro de grasa en su cuerpo sude un océano entero cuando va al gimnasio dos horas todos los días. Esa gente no se esfuerza. Yo me estoy esforzando, yo que llevo meses sin pisar un tugurio así, con su música "chunta", esas hordas de motivados sudorosos que se creen ciclistas en el Tour de Francia cuando sólo estamos en una sala mal ventilada con 40 bicis puestas como pupitres escolares. Hacen trampas, hay truco. Seguro. Y luego están ellas. Cómo puede ser cómodo hacer deporte con un tanga de hilo, unas mallas tan ajustadas que dudo que les dejen respirar y unos tops que no cubren ni la tercera parte de lo que debieran. Así no hay quien se concentre.
Echo de menos mis tiempos mozos cuando íbamos al gimnasio con pantalones anchos y camisetas de propaganda, siempre lo más viejo. ¿Es el gimnasio la nueva discoteca? ¿Voy a tener que empezar a usar gomina y echarme mi mejor colonia para sudar la gota gorda?
Todo iba bien. Empecé con Biking -por qué narices le cambian el nombre en cada gimnasio, deberían llamarlo gimnasia en bici en todos los lados y punto-. Ayer pensé que era mejor variar un poco y me metí en una clase de abdominales, flexiones y todas esas cosas que hacíamos de jóvenes con una sola mano mientras comíamos una manzana. Ya no soy ese joven y echo de menos tener 4 brazos más.
El tipo vino comiendo mini bollicaos. Habráse visto tamaña desvergüenza, como vacas camino del matadero y él comiéndose un bistec aún sangrante. Y aún ofreció el tío. Entré en clase, rápido para coger sitio, empujones por todos los lados. Ya he aprendido el truco. Lo más importante es dejar la toalla en el sitio elegido. La próxima vez voy a mear también alrededor para marcar mi territorio, creo que funcionará. A simple vista el pipiolo no era más que un niñato de unos 24 años, con cresta, camiseta bien pegada sin mangas y unas mallas marcapaquetes totalmente ajustadas. Y no, no era marica, pero me pregunto en qué estaría pensando cuando escogió su ropa. Mucha sonrisa y mucha coña y, al de un segundo, el imberbe se transformó en un marine ávido de sangre y sudor que sólo quería mi muerte. Flexiones, abdominales, pierna por aquí, brazo por allá, barrita, goma bien tensa... ¡Dios! No sé si quería morirme o matarle mientras le veía hacer lo mismo que yo como quien va a comprar el periódico y con una sonrisa. Cuando ya no me quedó más dignidad, me entró un ataque de risa en medio de una flexión, contagié a los de mi alrededor -los de la última fila, siempre he sido de última fila en el gimnasio- y acabé la clase con cierto ánimo -mal de muchos...- y tirado en el suelo.
El resumen es el que ya sabía: mi forma física deja mucho que desear. Ahora bien, tengo 6 meses hasta verano. Mi culo volverá a ser el que era. Acabaré siendo un motivado de los que tiran del pelotón. Compraré unas zapatillas que anden solas. Me compraré una bomba-expulsa-sudor.
Mentira.
Me gustan mis camisetas dos tallas más grandes, mis zapatillas para todo y mis pantalones anchos. Reivindicación.
martes, 19 de enero de 2010
lunes, 18 de enero de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Volver
Sí, por fin lo he hecho, he vuelto al gimnasio, tópico donde los haya, hábito eneriano por excelencia. Sí, también lo he conseguido, mi portátil está en el hospital de los ordenadores. Y, sí, en breve me iré de vacaciones... definitivas. Será un sitio con sol, o todo lo contrario, pero me dará lo mismo, serán vacaciones y estaré feliz. De hecho, YA me siento FELIZ. ¡Diossss, qué paz hay en mi cuerpo ahora mismo...!
Ramón retorna, revuelve, vuelve. Ramón.
Ramón retorna, revuelve, vuelve. Ramón.
lunes, 4 de enero de 2010
El aceite flota
Uno se cree que el año nuevo empieza y todo se deja atrás. No es así. Creo que he visto demasiadas películas en las que el recomenzar desde cero es posible. Tampoco es así. He confiado en que lo que la gente dice sobre si misma -y sobre sus amigos y familiares- es verdad. Mentira. Todos venden la moto lo mejor que pueden, aquí no dice la verdad ni el tato. Lo que sí que es cierto es que los que van siempre, contra viento y marea, con la verdad por delante, acaban amargados, varapaleados. Este año no siento que empiece una nueva etapa porque he terminado el 2009 con varios frentes abiertos; por eso, el 2010 sólo es para mí la continuación del anterior. No espero grandes cosas ni grandes cambios. Sólo solucionar temas pendientes y volver a encontrar mi creatividad, allá donde esté. Y seguir siendo feliz... feliz año.
domingo, 27 de diciembre de 2009
miércoles, 23 de diciembre de 2009
La Teoría de la Relatividad
Has vuelto... o he vuelto.
Lo que sea.
Te quiero.
*Algún día cocinaré yo y sabes que ganaré. Mi crema de calabacín gana a tu crema de calabaza. Cuando quieras.
Lo que sea.
Te quiero.
*Algún día cocinaré yo y sabes que ganaré. Mi crema de calabacín gana a tu crema de calabaza. Cuando quieras.
In the Loop
Oí una vez la teoría de la mano negra que nos gobierna en la sombra. Señores, no existe tal mano negra, al menos esa mano no está en el mundo de la política, quizás esté del otro lado. Sólo hay una panda de mangantes que dirigen este mundo, cada cual con su país, como si de un tablero gigante del Risk se tratara. Quito aquí, pongo acá...No hace falta ver In the Loop para darse cuenta de que los de ahí arriba sólo son un atajo de flores de diferentes jardines; las hay prepotentes a más no poder, las hay ignorantes, las hay chupaculos, estúpidas, soberbias, absurdas... rara es la flor inteligente porque ésa es la que emigró hace tiempo a otro campo mejor.
Una comedia al más puro estilo inglés para ver en versión original sólo para poder aprender todo tipo de insultos. Lo reconozco decir "fucking son of a bitch" me llena la boca, me gusta, no lo puedo remediar. Quizás por eso soy fan incondicional de Sawyer (Lost).
Divertida, rápida (a veces demasiado rápida), hiriente... y, sobre todo, absurda. O no. Quizá la realidad política sea así, quizá el corta-pega esté a la orden del día, puede que sea la guerra de egos la que mueva el mundo. De miedo pensar que los de allá arriba no están, ni mucho menos, más capacitados que nosotros, los soldaditos de a pie, para gobernar el mundo. Sobre todo después de leer el mismo día que vi In the Loop un artículo en el que decían que la "misteriosa" fuente del servicio de espionaje británico que informó de que Sadam Husein podía lanzar un ataque químico en menos de 45 minutos fue... ¡un taxista! El tipejo lo cazó al vuelo de una conversación de dos militares iraquíes.
No sé cómo serán los iraquíes, pero los bilbaínos tiramos de boca que da gusto, así que espero que ningún taxista-boca-rana informe de nada a nadie porque Bilbao podría convertirse en un bonito agujero negro.
Para todos los que os gustan las comedias con fondo, ved In the Loop. Buena para reirse de todo el mundo político, de las diferencias entre americanos e ingleses, y de ellos... Buenos actores, buenos diálogos. Es verdad que hay que estar al tanto de la actualidad pero aún sin tener ni pajolera idea de lo que pasa en este mundo de locos, se puede entender de qué va la cosa.
Sobre todo me gustó James Gandolfini y ver a Anna Chlumsky, a quien no veía desde Mi chica, hace años ya...
Buena película. La recomendación de Ramón para las Navidades. James, para ti, te la dedico, tú sí que vas a reirte.
martes, 22 de diciembre de 2009
Bonita mierda blanca
Ahí estaba yo, en la puerta del hotel, viendo caer los primeros copos de nieve del año. Todo el mundo debería tener ese momento al menos una vez en la vida. Ese momento, recién levantado, en el que sale a la calle y ve todo blanco. En ese instante volvieron a mí todos los perdidos sentimientos navideños... volví a sentirme niño.
Ese día desayuné dos veces, antes y después del paseo por el parque Juan Carlos I. Primeras pisadas por la nieve virgen (alguien me dijo que la nieve hacía perder la noción de los límites), entre olivos blanquecinos y pájaros invernales. Un buen paseo que arregló mi mañana y compensó el tremendo catarro que pesqué por salir al frío siberiano con menos ropa de la que debiera. Ya me dicen que yo visto igual en invierno que en verano, siempre he tenido un punto masoca.
Era bonito, todo era perfecto. Hasta que me di cuenta de que mi DNI no aparecía y tenía que ir al aeropuerto a coger un vuelo. Vuelta a la oficina, el suelo medio helado, medio encharcado, medio nevado. Me caí. Me levanté. Conseguí el DNI aunque para ello tuviera que sacar a mi ángel de la guarda de la bañera... Son varias las que le debo... Ya en el taxi empecé a sentir que el frío había aprovechado mis zapatos otoñales para entrar por los pies e ir ascendiendo por mi vaquero mojado hasta instalarse en mi cabeza y hacerla retumbar. Llegué al aeropuerto a tiempo.
La marabunta me esperaba, colas inmensas de reclamantes pasajeros de vuelos cancelados. Nieve. Facturo y tengo la suerte de que mi vuelo no está cancelado, eso sí, no tenía ni puerta de embarque, ni hora fija de salida. Encomiendo mi maleta a San Petronilo y la dejó tiritando en la cinta de equipajes, nos separamos con pena sin saber si volveremos a vernos. Al fin y al cabo, era una buena maleta.
Lo bueno que tienen los infortunios masivos es que la desgracia une y ahí nos juntamos un curioso grupo sin manzanas podridas, que pasó la mañana -y parte de la tarde- echando unas risas viendo cómo la azafata de tierra las pasaba canutas. Pobre mujer, su suspiro de alivio hizo temblar el avión cuando subimos. Ya estaba calva.
Después de rumores de cancelación, 3 cambios de puerta y varias carreras con codazos incluidos de los pasajeros, me vi montado el avión con 3 horas de retraso y una negra a mi lado que se pasó medio viaje pidiendo un tenedor. La aventura terminó cómo no, con una última persecución en pos del avión. Debe ser que tienes razón y la nieve borra los límites porque el piloto confundió la puerta, liando la de San Quintín...
Emotivo reencuentro con mi maleta gris.
Barcelona me recibió llorando, gris, húmeda. Madrid cómo te echo de menos. Incluso con tu caótica nieve, incluso con tu frío, a pesar de todo... Madrid.
Ese día desayuné dos veces, antes y después del paseo por el parque Juan Carlos I. Primeras pisadas por la nieve virgen (alguien me dijo que la nieve hacía perder la noción de los límites), entre olivos blanquecinos y pájaros invernales. Un buen paseo que arregló mi mañana y compensó el tremendo catarro que pesqué por salir al frío siberiano con menos ropa de la que debiera. Ya me dicen que yo visto igual en invierno que en verano, siempre he tenido un punto masoca.
Era bonito, todo era perfecto. Hasta que me di cuenta de que mi DNI no aparecía y tenía que ir al aeropuerto a coger un vuelo. Vuelta a la oficina, el suelo medio helado, medio encharcado, medio nevado. Me caí. Me levanté. Conseguí el DNI aunque para ello tuviera que sacar a mi ángel de la guarda de la bañera... Son varias las que le debo... Ya en el taxi empecé a sentir que el frío había aprovechado mis zapatos otoñales para entrar por los pies e ir ascendiendo por mi vaquero mojado hasta instalarse en mi cabeza y hacerla retumbar. Llegué al aeropuerto a tiempo.
La marabunta me esperaba, colas inmensas de reclamantes pasajeros de vuelos cancelados. Nieve. Facturo y tengo la suerte de que mi vuelo no está cancelado, eso sí, no tenía ni puerta de embarque, ni hora fija de salida. Encomiendo mi maleta a San Petronilo y la dejó tiritando en la cinta de equipajes, nos separamos con pena sin saber si volveremos a vernos. Al fin y al cabo, era una buena maleta.
Lo bueno que tienen los infortunios masivos es que la desgracia une y ahí nos juntamos un curioso grupo sin manzanas podridas, que pasó la mañana -y parte de la tarde- echando unas risas viendo cómo la azafata de tierra las pasaba canutas. Pobre mujer, su suspiro de alivio hizo temblar el avión cuando subimos. Ya estaba calva.
Después de rumores de cancelación, 3 cambios de puerta y varias carreras con codazos incluidos de los pasajeros, me vi montado el avión con 3 horas de retraso y una negra a mi lado que se pasó medio viaje pidiendo un tenedor. La aventura terminó cómo no, con una última persecución en pos del avión. Debe ser que tienes razón y la nieve borra los límites porque el piloto confundió la puerta, liando la de San Quintín...
Emotivo reencuentro con mi maleta gris.
Barcelona me recibió llorando, gris, húmeda. Madrid cómo te echo de menos. Incluso con tu caótica nieve, incluso con tu frío, a pesar de todo... Madrid.
¡Nuevas canciones de Tiger and Milk!
Tiger and Milk han subido 3 nuevas canciones a MySpace: Azul tigermilk, El paraguas y La parte de atrás del cuadro.
http://www.myspace.com/tigerandmilk
Para que disfrutéis.
http://www.myspace.com/tigerandmilk
Para que disfrutéis.
lunes, 14 de diciembre de 2009
La habitación gris
Estoy en una habitación gris de techo alto, sentado en una esquina. En medio del cuarto hay un papel en blanco y un lapicero negro. Desde el techo, por el ventanuco, llega apenas un rayo de luz que ilumina directamente el folio. No hay puerta en la estancia y yo sólo puedo mirar la hoja impoluta que espera ser escrita. Tengo la mente vacía. No hay imágenes más allá de las que ya he visto. No puedo imaginar el futuro. No hay textos aparte de los que ya he escrito, de los que ya he leido. No distingo el día de la noche, siempre es la misma luz, el mismo color gris, el mismo papel desafiante. Yo sigo en mi esquina pero le miro sin apartar la vista. Voy a encontrar la puerta.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Pa´dónde tiraremos
Me dicen que me esfuerce en mejorar aquello en lo que no soy bueno, que me dedique a ello. Me pregunto si no es mejor enfocarse en todo lo contrario, en lo que sé que sobresalgo o, al menos, en lo que se me da bien.
Yo lo tengo aceptado, no me pongo barreras si digo "aquello no es para mí", lo mismo que no soy médico ni cantante. Soy realista, prefiero ir por otro lado. Son los demás los que tienen que aceptar que no, que yo no valgo para bailar, lo mismo que no se me dan bien los matemáticas o la química orgánica. Igual que no valgo para trabajar en la caja de un banco.
Pero ahí está la duda. Haré una lista.
Yo lo tengo aceptado, no me pongo barreras si digo "aquello no es para mí", lo mismo que no soy médico ni cantante. Soy realista, prefiero ir por otro lado. Son los demás los que tienen que aceptar que no, que yo no valgo para bailar, lo mismo que no se me dan bien los matemáticas o la química orgánica. Igual que no valgo para trabajar en la caja de un banco.
Pero ahí está la duda. Haré una lista.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
El hombre del abrigo sobre los hombros
Hoy hemos tenido un problema, un problema grave, y estoy orgulloso de haberlo solucionado como personas adultas. No ha hecho falta decir nada para todos se pusieran manos a la obra como si les fuera la vida en ello. Quién lo duda.
Hasta que él ha venido, sólo había dos soluciones y las dos iban a cabrear mucho a más de 10.000 napolitanos. Y quién quiere cabrear a 10.000 napolitanos. Ahí estábamos un grupo de 5 personas intentando buscar la tercera solución que nos dejara dormir tranquilos esta noche.
Todo se ha solucionado, la tercera opción ha salido de debajo de las piedras. Simplemente, un BMW imponente se ha parado en la puerta y de él se ha bajado un hombre de pelo cano con pinta de perro viejo y mirada astuta. Bipolar el abuelo, me engañó por un momento su sonrisa afable. Con su abrigo oscuro echado sobre los hombros y su traje de riguroso luto, no ha hecho más que aportar su presencia a la reunión. Ni más ni menos.
Un problema arrastrado desde hace 8 meses, pero quién le dice al viejo bullterrier que la culpa está de su lado.
Pregunto quién es él. El padre de ése, me dicen señalando al jovencísimo dueño de la empresa, es al que tradicionalmente se llama cuando hay algún problema, para que lo resuelva, un tipo listo. Y sin mover un dedo... al menos él.
Desde Nápoles, Ramón de Mielina para Uno de tantos.
Hasta que él ha venido, sólo había dos soluciones y las dos iban a cabrear mucho a más de 10.000 napolitanos. Y quién quiere cabrear a 10.000 napolitanos. Ahí estábamos un grupo de 5 personas intentando buscar la tercera solución que nos dejara dormir tranquilos esta noche.
Todo se ha solucionado, la tercera opción ha salido de debajo de las piedras. Simplemente, un BMW imponente se ha parado en la puerta y de él se ha bajado un hombre de pelo cano con pinta de perro viejo y mirada astuta. Bipolar el abuelo, me engañó por un momento su sonrisa afable. Con su abrigo oscuro echado sobre los hombros y su traje de riguroso luto, no ha hecho más que aportar su presencia a la reunión. Ni más ni menos.
Un problema arrastrado desde hace 8 meses, pero quién le dice al viejo bullterrier que la culpa está de su lado.
Pregunto quién es él. El padre de ése, me dicen señalando al jovencísimo dueño de la empresa, es al que tradicionalmente se llama cuando hay algún problema, para que lo resuelva, un tipo listo. Y sin mover un dedo... al menos él.
Desde Nápoles, Ramón de Mielina para Uno de tantos.
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